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¡Un desastre! Así fue el primer día de este chico en webcam

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¡Un desastre! Así fue el primer día de este chico en webcam

Para muchos, ser modelo es la salida “fácil”, pero nada tiene de fácil esta carrera que debe resistir la fuerza de la doble moral, el desconocimiento y, que requiere de mucha disciplina y coraje. Esta es la historia de un periodista que lo intentó tras haber perdido su trabajo.

Este texto del periodista Enrique Trheebilcock Olmos, para Las2Orillas:

Con un posgrado y cuatro años de experiencia me dejé seducir por los 23 millones mensuales que alguien puede hacerse en este negocio.

“Pero eres gay? Porque si eres hetero esto va a ser mucho más difícil para ti. Lo mejor es que uses vibrador de goma porque sino te vas a desgastar mucho en un solo día”. Eso fue lo que me dijo Camila cuando le conté de mi decisión de ser chico webcam. Estoy en un país donde a un comunicador social bilingüe con cuatro años de experiencia, becas tanto de pregrado como de posgrado en la hoja de vida y próximo a sacar una maestría escasamente le quieren pagar dos millones de pesos por jornadas laborales de once o doce horas al día. Si es que encuentra trabajo.

Mes y medio antes, Camila, que es una de las duras del webcam en Colombia y que se ha ganado hasta 7 millones en una quincena, me había dicho que tengo las tres cualidades que garantizan el éxito como modelo webcam: saber inglés, ser buen conversador y ser bonito “Deberías probar. Si te cogen dices que estabas haciendo periodismo de inmersión y no pasa nada”. ¿Por qué no intentarlo? Hay gente que haciéndolo se puede ganar más de 20 millones al mes.

Estaba en un momento de la vida en donde todo iba mal. En esa época estudiaba y hacía varios trabajos para completar el sueldo. Uno de ellos se cayó y perdí un importante ingreso que creí fijo. Tanto que me endeudé porque hice cuentas con una entrada que ya no estaba. Además, no solo lo económico iba mal. El mes pasado, para reemplazar la entrada que perdí, había quemado energía en un proyecto que no salió. Descuidé por completo la tesis que debía entregar a finales de semestre y cada día que pasaba había menos posibilidades de sacarla adelante. Y por si fuera poco, estaba muy solo. Fue una negra casualidad que todas las personas -menos una- sobre las que me hubiera desplomado a llorar en esos momentos se habían ido a vivir fuera de Bogotá o del país. Todos se fueron al mismo tiempo y quedé solo.

Con ese panorama de lo único que me quedaban ganas era de mandar todo a la m. Convertirme en chico webcam parecía ser una muy rentable forma de hacerlo.

Como soy hombre era difícil encontrar un estudio que me recibiera porque la mayoría se enfoca en mujeres. Por recomendación de un contacto en el medio fui admitido en un estudio webcam de transexuales cerca al Portal Sur de Bogotá. En Colombia se necesita palanca para todo y el webcam no es la excepción. Ahí fui dos veces.

La primera fue a conocer el sitio y a la gente. Ese día me crearon perfil en alguna página de trasmisiones webcam. Me hicieron escoger un nombre que debía ser diferente a mi nombre real. “Javier” pensé. “Serás javilove16” me dijeron. También me tomaron unas fotos descamisado sobre un sofá verde limón con cojines fucsia haciendo cara sexy. “Si algún día esto se llega a filtrar digo que era un personaje para una obra de teatro” me dije a mi mismo. Hasta se tomaron el trabajo de retocarlas con Photoshop para hacerme ver más musculoso.

Los turnos de trabajo eran mañana (8am a 2pm), tarde (2pm a 9pm) o noche (9pm a 6am). Para mi primer día de transmisión elegí el de la mañana. Allá estuve bien puntual dos días después. El dueño del estudio me dio la bienvenida. Me dijo que para un modelo nuevo lo mejor es hacer shows y cobrar por el número de tokens recibidos. Sin embargo, la idea de masturbarme ante X número de usuarios y condicionar un orgasmo a cierto número de tokens, no me parecía muy atractiva. Además, el hacer un show de entrada implicaba dejar un vídeo XXX mío por ahí suelto.

Ser modelo webcam y pretender que conocidos no lo vean a uno es imposible. No hay forma de controlar que quien lo ve a uno del otro lado de la pantalla no esté grabando y terminar en Xvideos o Pornhub. En el estudio, antes de cada transmisión, el modelo firma un documento donde confirma su mayoría de edad y se le informa que lo que haga puede quedar grabado.

Por lo anterior preferí la otra modalidad de trabajo, en privado. Estaría en una sala de chat pública pero solo haría shows privados al usuario que, después de conversar y verme en el chat, pagara tiempo a solas conmigo. En el webcam uno no está obligado a nada, pero entre menos cosas esté dispuesto a hacer, menos va a ganar. Mi única restricción era la peor que puede tener un modelo webcam; ni por todo el oro del mundo iba a meterme un vibrador. “Pero tranquilo que con esa cara que tienes seguro te van a poner a maquillarte y vestirte de mujer. Eso lo piden bastante” recuerdo que me dijeron.

El estudio tiene varias habitaciones que simulan ser un cuarto común y corriente con cama, mesa de noche y un computador con cámara webcam. Era demasiado escenificado para mi gusto; parecía un cuarto de motel temático. Nada en esa habitación era natural. Ni siquiera la luz. No había una sola ventana ni se veía el cielo. Ciertamente, la idea de pasar seis o siete horas ahí metido a disposición de un gringo que me mira por una pantalla, no me hacía sentir muy cómodo.

En algún momento tocaron a la puerta. Me dieron la merienda más extraña que he recibido; un postre de tres leches con una jugosa fresa sobre él y un vaso de leche. Tardé un par de minutos en entender que no se trataba propiamente de una comida de media mañana. En ese momento pensé que no me incomoda lamer una fresa. Me incomoda lamer una fresa para excitar a un gringo que me está pagando por hacerlo. Y peor aún, estar haciéndolo porque no encontré otra manera de llenar la nevera que tengo en casa vacía. Eso último sí era realmente humillante.

 

 
 
 
 
 
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Yo, en un estudio webcam.

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Me tomé un par de fotos con el celular solo porque quería saber cómo me veía en ese lugar y que no se me olvidara nunca lo que viví. Cuando vi las fotos pensé que lo que estaba sucediendo en mi vida debía ser verdaderamente horrible para haber terminado ahí. No porque el modelaje webcam esté mal sino porque en otras circunstancias jamás habría terminado ahí por gusto propio. No es un trabajo para todo el mundo.

No sé si lo que hice el tiempo que estuve frente a ese computador quedó grabado. Pero si es el caso mi primer vídeo erótico consta de una aburrida grabación de cinco horas donde la primera estoy sin saber qué hacer para que alguien me vea, las dos siguientes estoy revisando Facebook y las dos últimas estoy sin camisa dormido sobre la cama. No mostré nada indecente porque no hubo a quien. En cinco horas que estuve expuesto en una página de privados no hubo un solo usuario que entrara a la sala de chat para verme y decidir si pasaba a privado conmigo. En otras palabras, no me vio nadie.

Por la noche, al conversar con Camila y contarle el fracaso de mi primer día ella no lo podía creer. “Eso es físicamente imposible que ocurra. Con seguridad hubo un error de conexión en el estudio”. Nunca supe si la teoría del error fue cierta, pero sentido sí tiene. En todo caso, con error o no, que en cinco horas no me haya visto ni un solo usuario fue algo inesperado y no dependió de mí. Al menos puedo decir que lo intenté.

Al día siguiente me desperté muy temprano. Era sábado. Salí de mi casa rumbo al estudio pero antes de embarcarme en Transmilenio desayuné en un Tostao. Era una mañana mojada y la llovizna del momento me obligó a esperar unos minutos más sentado en la mesa junto a un café. Mientras me lo tomaba tuve una especie de iluminación. Tenía todo un sábado por delante con dos posibilidades. La primera era seguir derecho al estudio a ver si tenía mejor suerte que ayer. La segunda era internarme todo el día en una biblioteca cercana para darle reanimación cardíaca a la tesis agonizante como paciente en cuidados intensivos. La segunda posibilidad se me hacía más dura, pero si lo lograba me iba a dejar más tranquilidad que la primera. Mandé un mensaje a la gente del estudio agradeciéndoles la oportunidad y disculpándome por el tiempo que les hice perder.

Seis semanas después entregué un trabajo de grado que recibió una calificación de 4,2. Nada mal si tenemos en cuenta que fue hecho en tiempo récord mientras hacía correcciones de estilo a otras dos tesis de posgrado. Las correcciones de estilo salieron poco después de haber decidido que el webcam no era lo mío. No estaban igual de bien pagadas pero me sacaron de apuros. Mi situación no se solucionó de la noche a la mañana pero lentamente ese mal momento de la vida fue quedando atrás.

Quiero dejar muy claro que el no haber intentado otro día modelo webcam no me hace mejor persona que a nadie. Pensarlo sería tan absurdo como creer que valgo más que alguien porque nunca he probado ninguna droga ni me haría un tatuaje. Son solo decisiones que tomo basado en mi personalidad, y ya. Siento que hice lo correcto porque lo correcto era conocerme bien a mí mismo y hacer lo que más tranquilidad me diera. Habrá gente para quien lo correcto hubiera sido probar una segunda vez en el estudio.

Conté esto porque me irrita la doble moral colombiana. Aquí nos persignamos, nos oponemos al matrimonio homosexual, defendemos la familia y elegimos presidente a un candidato que usa a Dios como bandera de campaña pero vemos más porno que Netflix, Twitter y Whatsapp. Todos los rankings de las páginas web más vistas por los colombianos corroboran lo anterior.

Como el entretenimiento para adultos le da tanta felicidad al país, el modelaje webcam es un trabajo que debería ser respetado como cualquier otro. Exige constancia, disciplina y mucho juicio. Una característica común en las chicas webcam más exitosas que conozco es el profesionalismo y la seriedad con la que asumen su oficio. Si bien es cierto que hay modelos que pueden hacerse 20 millones al mes, no es de la noche a la mañana. Muchos creen que con solo desnudarse ante la webcam uno se vuelve millonario. Poco se habla de los muchos modelos que no llegan ni al millón de pesos. Es un trabajo menos mágico de lo que la gente cree.

Ojalá hubiera servido para chico webcam. Masturbarme frente a una cámara, lejos de enterrar mi carrera como comunicador, la hubiera potenciado. Más nunca tendría que volver a preocuparme por cómo se arma una hoja de vida. Mis redes sociales estarían colmadas de seguidores y las cosas que escribo las leerían diez veces más solo porque su autor tiene vídeos porno. Las editoriales me tendrían lleno con propuestas y con seguridad ya tendría mi primer libro. Pero lamentablemente no tengo la personalidad –ni la pechonalidad- de Amaranta Hank.

Yo estaré bien siempre que haya una sola persona que sepa que soy bueno en lo que hago y me dé trabajo. Por lo demás, cada quien puede pensar lo que quiera. De todos modos, al menos por hoy, estaré tranquilo porque en casa la nevera está llena.

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