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Heraldo de Barranquilla: El negocio de ‘animar’ a cibernautas por webcam

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Heraldo de Barranquilla: El negocio de ‘animar’ a cibernautas por webcam

Los fragmentos del siguiente artículo, publicados el día de ayer por el periódico El Heraldo, cuentan la historia de Kasandra Vergara, una modelo que tuve la oportunidad de conocer y a la cual le reconozco el gran esfuerzo que durante meses ha aplicado en MyFreeCams, uno de los sitios más difíciles para las modelos colombianas. Con paciencia, disciplina y dedicación, Kasandra ha logrado sostenerse en el tiempo e ir mejorando para ganar más tokens de sus seguidores.  También, en contraste, conoceremos cómo funciona esta industria en la ciudad de Barranquilla, señalando que cada realidad es tan diferente como la persona que la vive. El relato:

Una cámara encendida y un show que dura seis horas. Ella baila ante el lente despacio y deja caer su manga para mostrar el hombro. Sonríe y juega con su cabello negro y largo. Un teatro virtual de 345 personas la admiran en vivo; cada silla está a miles de kilómetros de distancia. Españoles, estadounidenses, franceses. Todos a un clic, conectados con una barranquillera, en medio de un videochat sexual.

Ellos la conocen como NikyWoolf, aunque su verdadero nombre sea Kasandra Vergara. Tiene 20 años. Es una de las cerca de 20.000 mujeres que se dedican al negocio denominado modelos webcam en Colombia.

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Kasandra dice ser tímida, pero ahora no siente pena. Desde su casa en Villa Campestre, al norte de la ciudad, juega con ruletas que giran entre penitencias eróticas y un tablero con estrellas que le pide hacer decenas de cosas. Untarse crema en el cuerpo, usar un vibrador, bañarse de aceite, desnudarse y hasta conceder shows privados.

Cuando comenzó en la industria webcam, hace más de un año y medio, no duró mucho tiempo en contarle a su abuela, una de las primeras personas en saberlo. Sin entender mucho, la mujer de 78 años le preguntó de qué se trataba ese nuevo oficio.

– Me grabo con una cámara. Me desnudo y masturbo, mami -, le dijo sin pensarlo mucho. Desde ese entonces  no ha ocultado su profesión. Lo sabe su familia y sus amigos y cuenta que todo comenzó como un experimento de trabajo, hasta transformarse en algo serio y profesional.

No significa que sea una mujer fácil. Yo pienso en un show más allá de lo sexual, porque no es fácil mantener la atención en vivo de cientos de personas que no hablan tu idioma, explica Kasandra, a quien si le va muy bien, alcanza a ganar $12 millones al mes.

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Para ella el día comienza a las 5:00 a.m. con una rutina de previa al show. Escoge entre disfraces temáticos, ropa casual y lencería provocativa para sorprender a sus admiradores. Para agradecer por su transmisión, ellos deberán pagar con tokens (propinas). Por cada interacción, ellas reciben dinero a cambio.

Kasandra había probado distintas profesiones. Además de bailarina, se desempeñó como niñera, hostess (anfitrión) de restaurantes, modelo de protocolo y empleada de un SAI. Me tocó muy duro y siempre estaba cansada, pero ahora solo pienso en seguir creciendo, dice la mujer de origen guajiro, mientras cruza sus piernas.

Es clara en algo. No accede a tener videollamadas con conocidos, ni mucho menos caer en la prostitución. Por eso, tiene bloqueado la posibilidad que personas de Colombia, Venezuela y Panamá puedan ver sus videos. Me han ofrecido dinero a cambio de shows y siempre diré que no.

Red mundial

El negocio se mueve en distintas páginas de carácter mundial, donde los interesados deben registrar cuentas y a manera de red social, ganar seguidores.

El propósito de los modelos es atrapar con sus encantos y sensualidad para lograr que quienes estén detrás de la pantalla paguen por pasar tiempo viéndolas. La ganancia, dependiendo de cada página, es por minutos en privado o tokens.

En Colombia, alrededor de 25.000 personas trabajan en esta industria, de acuerdo con Juan Bustos. El experto explica, sin embargo, que Barranquilla es una de las ciudades donde el negocio es más informal. Calcula, según sus estudios, que el 35% de las modelos son de Medellín, el 30% de Cali, 15% del Eje Cafetero, 15% de Bogotá, y un 5% de otras ciudades.

En cuanto a los principales países consumidores de páginas webcam, Bustos, precisa que la lista es liderada por EEUU, Canadá y Reino Unido, así como por países europeos donde reina el Euro.  “Los países latinos son clientes en menor proporción, seguramente porque por el cambio de la moneda local al dólar resulta mucho más costoso”.

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Los Estudios en Barranquilla. De lejos es una casa de familia pintada de blanco. Rejas blancas y piso blanco. Tiene una terraza amplia y un carro de comidas rápidas que abre los fines de semana. De cerca es un estudio para emitir video chats sexuales en vivo. Tiene tres cuartos y dos de ellos son utilizados como oficinas eróticas para las modelos, que en su mayoría “nunca pensaron llegar a hacer esto”. No todas cuentan con la ‘suerte’ de Kasandra, quien trabajó por seis meses en un estudio, hasta que decidió “no perder más plata”, por lo que se independizó.

“Solo voy a durar tres o cuatro meses en esto, mientras me organizo. No pienso hacer esto a escondidas por el resto de mi vida y no es algo que me enorgullece”, confiesa una de las mujeres que recién se unió al webcam erótico, pero quien prefiere no revelar su identidad.

Apenas lleva tres apariciones en vivo y con eso, ha recaudado 8 dólares. Es decir, cerca de $21.000.

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“Espero que con el tiempo sea como me lo prometieron, que las niñas ganan hasta tres millones de pesos en un mes”, dice con inseguridad.

Esa promesa vino de Jordy Barraza, un ingeniero barranquillero. Cuando tenía 18, el negocio le parecía un juego redondo con sus amigos cercanos. En ese entonces no había mayores responsabilidades y querían dinero fácil, niñas lindas y diversión. Conocieron a través de un amigo, en Bogotá, el mundo de los video chats calientes y pronto se decidieron a crear uno en Barranquilla.

Eran niños acomodados. Estudiados en colegios con buena reputación de la ciudad y no les costó mucho adecuar un apartamento. Hoy Jordy tiene 27 años y toda una casa para lo que alguna vez fue su fantasía.

“Nos fue muy bien y conseguimos mucha plata rápida…”, recuerda Barraza, quien todavía no cuenta con la aprobación de su mamá para administrar salas webcam.

El estudio es aseado y de estilo moderno

En uno de los cuartos principales hay un televisor enorme y pantalla plana que muestra todo lo que captan las cámaras de seguridad. Hay en la terraza, en las afueras, en el patio, sala y cocina de la casa. En este lugar se ponen cómodas las modelos webcam. Barraza cuenta que hay mujeres para todos los gustos. También hay hombres heterosexuales y homosexuales.

Son universitarias la mayoría

“Vienen después o antes de clases y por lo general muy pocos amigos de ellas saben a qué se dedican mientras no estudian”, explica Barraza, quien también se encarga de reclutarlas. Recuerda que incluso un día llegó a tocar su puerta una joven bella que resultó ser devota al cristianismo, pero “solo pasó un día y se retiró porque dijo que el Señor la iba a castigar”.

“Hay mucha inseguridad tras ellos”

La psicóloga clínica Gloria Hurtado relaciona la decisión de ser modelo webcam con el exhibicionismo, y manifiesta que, muchas veces, “se trata de la necesidad de ser miradas porque en realidad nos sentimos muy inseguras”.

Con respecto a las relaciones virtuales basadas en el erotismo, declaró que “puede crear obstáculos al momento del contacto físico”. “El sexo virtual es una forma de estimularse y de cumplir fantasías, pero resulta que a veces lo fantasioso resulta más excitante que la realidad. La fantasía es lo que yo imagino y cuando pienso en la realidad me estrello con situaciones que no suceden como en mi mente”, explica.

Sobre la masturbación, precisó que si es en exceso, “no deja espacio para alguien más”.

Artículo completo del periódico El Heraldo aquí

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