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Mi erótico y casual encuentro en el autobús

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Confesiones SIN CENSURA

Mi erótico y casual encuentro en el autobús

Tenía 18 años en ese momento cuando solía tomar el autobús hacia la universidad, un día voy de regreso a casa y noté que el conductor se quedaba mirándome bastante por el retrovisor de una manera muy morbosa y excitante. Era un chico de 32 años, apuesto y de cuerpo que se notaba trabajado, la verdad no me molestaba que me mirara.

En mi inocencia, a mí me daban muchos nervios, así que lo ignoré a pesar de que empezaba a sentir gusto y excitación de que este sujeto a quien no conocía me penetrara con la mirada. Luego de días no lo volví a ver, seguí con mi vida normal, cuando recordaba ese momento me causaba gracia y curiosidad la forma en como me miraba “me levanté al chofer del bus” pensaba, me pareció muy extraña la forma en que me veía, pero al mismo tiempo sentía curiosidad en probarlo.

Pasadas dos semanas, tomo el bus para ir a la universidad, para mi fortuna y la de él, nos topamos de nuevo; al instante de montarme, me reconoció y pude ver su cara de satisfacción al verme de nuevo. Admito que me sentí a gusto también, así que esta vez le respondí las miradas haciéndole gestos de picardía, me hizo seña para que me sentara a su lado en el puesto del copiloto.

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 Sentí nervios y dentro de mi inocencia no estaba seguro, sin embargo, me atreví y lo hice. Comenzamos a charlar para conocernos, entre tantas preguntas que iban y venían, me dice… “¿Qué pasa si te robo un ratico?”. Lo primero que le respondí fue que me daba susto, pero que me gustaría vivir la experiencia, hablábamos susurrando para que nadie más escuchara. Y así fue, no me baje en la Universidad y lo acompañe hasta que termino su ruta hasta que se bajara el último pasajero.

En las afueras de la ciudad, se estacionó en una calle sola, comenzó a acariciarme las piernas y de la nada me besa bruscamente. Al asegurarnos que no pasaba nadie, nos fuimos a los asientos de atrás del bus; empecé a tocarle su pene con mis manitos de muchacho inexperto mientras él me tomaba por las nalgas con morbo en su mirada. Me senté encima de él, yo le sentía sus brazos y manos fuertes haciéndome frotarle al mismo tiempo el pene con mi culo, me agarra por la cabeza y me dice…” Bebecito venga para darle biberón”. Baje y le desabroché el pantalón, tal como lo imagine era una enorme verga lista para entrar en mi boca y saciar mi sed de él.

Su verga casi no me cabía en la boca, pero él me empujaba hacia abajo para hacerle garganta profunda, me encantaba como presionaba mi cabeza para que me ahogara. Cuando pasaba una moto, me la dejaba en la boca hasta mi garganta, para que nadie viera mi cara por la ventana.

Luego de esa excitante mamada, me hizo poner de perrito en el pasillo del autobús y me bajo el pantalón. Comenzó a darme nalgadas diciéndome que era un “culicagado” malcriado por gustarme tanto la verga y que me iba a castigar como me lo merecía; me escupió el ano mientras me lo golpeaba y rozaba con su pene, cuando estaba dilatado se puso el condón y sin mucha delicadeza lo metió hasta el fondo de mí.

En ese instante sentí mucho dolor, me hizo gritar, pero a él le encantaba y mientras halaba mi cabello y dándome nalgadas al mismo tiempo, me decía que me lo merecía. El dolor fue fugaz, estaba lleno de placer por ese grueso y grande pene en mi culo entrando y saliendo, yo gemía de satisfacción junto con la calentura de sentir el chancleteo de mis nalgas en su piel.

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Luego de minutos follando, me aviso que se venía y sentí como lo hacía dentro de mí, con su voz masculina mientras aruñaba mis nalgas. Lo sacó, nos vestimos y me besaba diciéndome que me portara muy bien para la próxima porque si no, me castigaría de nuevo con su verga.

Yo quede muy excitado, pero con la satisfacción de esa follada espectacular. Me dejó en la universidad, llegué tarde, pero sin arrepentimientos, Cambiamos números de celular, pero hasta el día de hoy no sé nada de él, solo espero con deseo volverlo a encontrar.

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Miguel

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