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Miedo, rabia y excitación

Confesiones SIN CENSURA

Miedo, rabia y excitación

El tiempo que llevo como modelo webcam, me ha servido para decir que soy lo suficientemente experimentada. Sin embargo, en éste mundo del modelaje, siempre hay alguien que logra romper reglas y todos los esquemas que se pueden tener sobre sí misma.

Mi confesión, es sobre cómo me entregué por completo a uno de mis fans del extranjero, quien resultó ser, para mi dicha, un caballero, amable, tierno, considerado y muy caliente a la hora de masturbarnos.

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Desde el primer momento que nos entregamos en las transmisiones, hicimos una conexión increíble. Pasamos noches enteras excitándonos. Él se masturbaba para mí desde su oficina, y otras veces desde casa de sus padres, yo lo veía y me excitaba de una manera explosiva. Mientras yo observaba el acto, me calentaba y mis usuarios enviaban tokens por verme seducida.

Él usaba el baño de sus padres para masturbarse, esa sensación de estar escondido lo excitaba, yo también me escondía para que el momento fuera intenso. Pero como toda relación a distancia, mientras más comprometidos estábamos el uno con el otro, más problemas habían. Sus celos enfermizos no tardaron en aparecer, y con el tiempo no quería estar conmigo sin antes mostrarle la pantalla para asegurarse de que sólo él me observaba.

Llegó a un punto donde tomaba el tiempo de mis shows por Skype y hasta me grababa para analizar cuadro a cuadro la transmisión, para ver si conseguía algo donde yo le estuviera faltando.

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Al principio, dejaba que lo hiciera para que confiara en mí, pero luego empezaron los rompimientos. La verdad es que yo lo amaba y siempre volvía, y para ser honesta, me descubrió en varias jugadas chuecas de mi parte, pero también siguió conmigo.

Le prometí que no volvería a jugarle chueco, él que no me celaría de esa manera, pero a pesar de las promesas, las cosas no cambiaron. Un día sus celos lo llevaron a dar con mis contraseñas, e ingresó a mi chat y vio varias conversaciones íntimas. Eso fue el detonante para que su sangre hirviera y se volviera loco.

La mayoría de los chat, eran con usuarios que obviamente trato con cariño y amabilidad, pero entre ellos, había uno de un chico en específico, que usaba para sacarme las ganas en persona. La verdad era solo eso, pero para mi “amor” no lo era tanto. No estaba enamorada de ese amigo que me ayudaba con mis ganas, pero en caso de ser así, mi amante celoso, no debía meterse. Eso pensaba.

Al leer las conversaciones, ese hombre sacó una furia que jamás había visto en alguien, me llamó tratándome de perra, puta barata, mentirosa, aprovechadora, interesada y muchas otras groserías, algunas que ni entendía.

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Lo más extraño de toda ésta situación, era que mientras más me insultaba, yo me excitaba. Yo quería molestarme por sus acciones y confrontarlo, pero el efecto era diferente. Sabía que el hecho de violar mi privacidad, era un motivo para eliminarlo para siempre de mi vida, pero en vez de actuar de esa manera, quería seguir escuchando sus insultos. Cuando me llamaba “perra”, mis pezones se endurecían más y más, y cuando me trataba de “puta”, me humedecía al punto de sentir como las gotas de placer iban saliendo de mi vagina.  

No me pude contener, sin que él se diera cuenta, comencé a masturbarme, yo estaba lista para trabajar, así que solo cargaba mi tanga. Yo seguía discutiendo para que no cortara mi placer. Cada segundo su ira era más grande. Me imaginaba a ese hombre tomándome por el brazo, recostándome contra la pared, insultándome, mientras que pasaba su pene duro por toda mi vagina.

Quería que me violara con toda esa furia que tenía, que me arrancara la tanga y me empujara a la cama para penetrarme de la manera más dura que existiera mientras me ahorcaba un poco y me decía “perra” “puta” mirándome directo a mis ojos con los suyos llenos de fuego. Me dejo caer en mi cama para simular que él me empuja y me saco con fuerza mi tanga ya empapada, intento seguir discutiendo y me esfuerzo por controlar mis jadeos, no quiero que sepa que me masturbo. Excitada, a punto de explotar, sintiendo que me voy, continúo enfureciéndolo. 

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Justo en ese momento, tocan a mi puerta, logro ver por la ventana el carro del chico que tenía para sacarme las ganas, el causante de toda esa ira de mi novio virtual que me tenía tan mojada. Corto la llamada, sin decir nada me pongo a pensar si dejo entrar al chico que acaba de llegar. La verdad era tanto el deseo que sentía que decidí hacer pasar al chico. Apenas entró le dije que se desnudara y me lo hiciera por detrás muy fuerte, pero que se mantuviera callado. Yo desnuda goteando, siento como me empieza a penetrar y con mi teléfono en mano, llamo a mi novio virtual para continuar “discutiendo”.

Con mi cara pegada a la cama y el chico haciéndome el sexo deliciosamente, sigo los insultos y me imagino que quien me está dando duro es él. Después de tantas groserías, siento que me vengo, no me contengo y le confieso que llevo rato masturbándome, que quiero que me viole de la manera más salvaje que exista, quiero que me castigue. Él algo confundido y sin saber qué hacer, escucha que estoy exquisitamente mojada por él, accede.

Siguió ofendiéndome mientras se masturbaba y sin saber que otro me penetraba en su lugar. Ese día tuve el mejor orgasmo que nadie haya imaginado, por un lado mi novio virtual y por otro el chico que calmaba mis ganas en persona. Es la experiencia más maravillosa que he tenido, la verdad la repetiría una y otra vez.

Angélica 

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