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Morí de placer al sentirlos a todos en mí

Morí de placer

Confesiones SIN CENSURA

Morí de placer al sentirlos a todos en mí

Desde que era una adolescente siempre me gustó utilizar mis encantos para seducir a los hombres y luego rechazarlos. No sé por qué, pero siempre que hacía eso me sentía más deseada. Cuando estuvieron de moda unas pequeñas faldas que mostraban más de lo debido, me las ponía y caminaba para que todos me observaran; también, en ocasiones, me agachaba intencionalmente para que se me vieran los calzones y me pillaran. Eso me excitaba.

Cuando fui creciendo ese juego se me hacía más difícil, cada vez se me dificultaba hacer ese tipo de cosas, en mi interior quería ser deseada pero ya no quería jugar, quería que esos hombres, que tanto me miraban, me hicieran algo de verdad. No sé, tal vez porque las mujeres somos muy complicadas no decimos sinceramente lo que deseamos. Eso me paso a mí. Tengo 20 años y por ponerme en esa me paso lo que ni en mis mejores fantasías imaginaba.

Es la última semana de vacaciones de la universidad, así que mis compañeros realizan una fiesta para cerrar los días de descanso. Me invitan a pesar de que muchas veces fallé, esta vez voy y todos se sorprenden. Me tienen muchas ganas, lo sé por sus miradas. Voy vestida con una vestido corto ceñido a mis caderas que dejaba ver casi completamente mis senos.

Bailo y bebo demasiado durante toda la noche. Ya son casi la una de la mañana, me siento excitada, hay un amigo que toda la noche me ha estado siguiendo y yo no hago sino decirle que no. Es mi manía de hacerme la difícil, la verdad él me gusta demasiado.

Vamos hacia un balcón de la casa en el segundo piso, la noche es clara y la luna se ve muy blanca. Me acompaña el chico que me gusta. Me mira y me dice que quiere un beso y yo, como siempre, respondo que no. Me dice que él sabe que yo sí quiero, que no me haga la tonta. Me quedo callada y noto que eso le molesta, así que me doy media vuelta y me voy. No alcanzo a dar tres pasos cuando siento que me empujan; es él, está irritado, su cara se ve transfigurada.

Me toma por las caderas desde atrás, yo río, se molesta más y me da una nalgada, no demasiado dura sino pero si lo suficiente para sentir el tacto de sus manos en mis nalgas. Me volteo, lo miro y desafiante le grito en la cara que un verdadero hombre sí pegaría fuerte. Se enfurece más y entonces me toma para ponerme contra una baranda y darme una tunda. Eso me gusta, me excita que me trate así.

Estoy tendida recibiendo la golpiza cuando veo que desabrocha su bragueta y saca de la mitad de sus piernas un arma monumental. Me excita verlo ahí, iracundo, moviéndose como un animal. Me tira por los cabellos y me arrastra un poco hacia atrás. Forcejeo con él pero eso es como darle otros motivos para que utilice su fuerza brutal. Tirando mi pelo hacía el me obliga a encorvar mi espalda y siento como esculca entre mi falda; mete sus dedos entre mis muslos y empiezo a gemir.

En un movimiento rápido cambia sus manos por su pene, siento como entra y sale de entre mis carnes,  me lo está haciendo, yo, completamente perdida por esa nueva sensación, no me doy cuenta de que dos amigos se acercan para avisarnos que una de mis amigas se siente mal, nos ven, y se quedan callados; en estos momento no pienso en ella sino en lo que siento, quedan bobos, mirando como él me lo hace, cuando veo que uno de ellos no pierde el tiempo y comienza a masturbarse y el otro lo sigue. Cuando mi hombre estaba terminando, los otros dos estaban ansiosos.

Giro mi cara y veo a uno, me excita que esté duro por mí, lo llamo con un movimiento de manos, él se acerca y lo tomo por su pene para meterlo en mi boca, y así mismo integré al otro a esa experiencia que se convirtió rápidamente en una orgía dedicada a mí.

Siento manos que me recorren por todas partes, tocan como pervertidos mis rincones más íntimos, es algo que me impulsa solo a cerrar mis ojos y concentrarme en disfrutar. Todos me manosean, siento que una y otra vez me penetran aparatos de diferentes tamaños, me vengo una y otra vez con cada uno de ellos.

Nunca imaginé vivir una experiencia tan increíble y excitante. Cuando terminaron conmigo, yo estaba trastocada, ahí sí me di cuenta de lo que había sucedido. No me importó había sido placentero, arreglé mis ropas y todos nos fuimos a ver como seguía mi amiga.

Andy

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