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Lo vi haciéndolo con su madrastra y eso me excitó hasta hacerme explotar

Confesiones SIN CENSURA

Lo vi haciéndolo con su madrastra y eso me excitó hasta hacerme explotar

Debo confesarles que lo que leerán a continuación para algunos no será de su agrado, me sucedió antes de ser modelo y la verdad lo disfruté al máximo. El día que perdí mi virginidad, también perdí mis valores y moral, lo que para muchos es algo inaceptable, para mí fue lo más excitante y corrompido del mundo.

Tenía una relación de tres años con mi novio con el que nunca había tenido relaciones sexuales, siempre nos besábamos y calentábamos al punto de mojarnos, pero jamás penetración, yo era virgen.

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Un día salimos de la universidad y decidimos ir a su apartamento, donde vivía con su madrastra, pero por la hora ella se encontraba trabajando, así que después de hablarlo, acepté entregarme a él. Muchas veces nos tocábamos y disfrutaba las sensaciones producidas, pero me daba miedo perder la virginidad. 

Camino a su casa, dentro de mí afloraron miles de sentimientos, sentí deseo, ansiedad, nervios, placer y como sabía que estaríamos juntos, pues la excitación no estaba ausente. Al llegar, tardamos más cerrando la puerta que tendernos en la cama. Yo estaba tranquila porque su madrastra llegaba de noche, así que si debía gritar, llorar y reír, nada me lo impediría.

Mi novio empezó a besarme apasionadamente, baja y besa mis senos por encima de la ropa y yo siento como me van subiendo los calores fogosamente a las mejillas, me empiezo humedecer. Me pide que me arrodille y le bese su pene, mientras lo hago, me dice que quiere penetrarme. En el momento me invade nuevamente el temor de perder la virginidad, pero me dejo llevar. Estoy ansiosa, no soporto el ardor de mis carnes así que le digo entonces que introduzca solo la puntita, lo hace,  cuando va y viene una y otra vez sobre mi clítoris, yo siento algo que no sé cómo describir y entonces se me salen las lagrimas de los ojos, estoy muy mojada.

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Mi vagina está demasiado resbalosa por mi lubricación, no me aguanto más y lo agarro de las nalgas empujándolo dentro de mí. Ni siquiera me duele, siento algo extraño aunque muy delicioso, lo hacemos por un buen tiempo, me vengo muchas veces y yo noto que él se viene dos. Cuando se iba a venir la tercera me dijo: “Carolina, me voy a venir, me voy a venir, ya no aguanto lo necesito”, entonces empieza a penetrarme con tal furia y tal rapidez, gimiendo tan intensamente, que me empiezo a venir con él. Justo en ese momento de placer desenfrenado, escuchamos una voz, era su madrastra que había llegado a su casa.

Totalmente desnudos me dice que me esconda en el closet,  muy nerviosa me metí cerrándolo. Su madrastra abre la puerta y él se tapa con una almohada y ella al verlo le pregunta que le pasa que está sudado y rojo. Yo observaba por una rejilla del closet y el mudo, su madrastra se acerca y le toca la frente para asegurarse de que no tenga fiebre.

Su almohada se cae y la señora ve su pene erecto, él sin vergüenza alguna la mira fijamente y ella con ojos de querer comérselo no se detiene, él la agarra y la besa, ella no se queja. Yo algo celosa observo y nuevamente me dejo llevar. Mis valores y principios me decían que todo estaba mal, pero el placer que me daba ver aquella escena, me neutralizó.

De ese beso pasó algo que menos podía creer, él empezó a desnudar a su madrastra, y ella sin pudor alguno se dejaba. Él le dice “te lo voy a meter”, y ella le dice que sí, que hasta el fondo. Yo fría sin saber qué hacer, veo como le abre las piernas y sin pensarlo dos veces la penetra. Ella lo disfrutaba al igual que él.

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Por mi parte, no me quedó más que relajarme en el piso del closet, abrí mis piernas y empecé a masturbarme.  La señora se viene, miro a mi novio y veo como la voltea mientras ella ruega que se lo haga por detrás gritándole que la tome como si ella fuera un perro. Él obedece, unos minutos después, empieza a gritar desesperado: “me voy a venir, me voy a venir”, ella responde con tono preocupada que no llegara adentro, cosa que él ignoró, se volvió como loco de placer. Entre los gemidos y los gritos la señora y yo también.

En ese momento donde los tres estábamos extasiados y abarrotados de lujuria, la madrastra reacciona y empieza a vestirse, explicando que había regresado a su casa a buscar unos papeles del trabajo que por descuido olvidó.  Al irse yo salgo del closet y confundida él me abraza, cuando me voy a vestir para marcharme a mi casa, me agarra y me besa. Ahí empezamos nuevamente, me hizo el amor como nadie y nos mojamos como jamás lo habíamos hecho en esos tres años de novios.  Cuando llegué a casa pensé en la locura que sucedió, quizás mis valores o moral regresaron, pero la verdad no me arrepiento de nada de lo que hice. Por ese placer, lo volvería hacer.

Paula

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